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La SALIDA es hacia DENTRO

Es el nombre de un libro, cuando escuché la frase me hizo todo el sentido del mundo. Llevo la edad de Eduardo en la búsqueda, lo que empezó como una forma de encontrar las respuestas que me explicaran porque el amor se acaba, porque los demás no respondían como yo quería, a pesar de darlo todo, poner lo mejor de mí, intentar por todos los medios de ser perfecta, o al menos reunir casi todas las condiciones de vida que me daban ese estatus con los demás… finalmente entendí después de mucho trabajo personal que en efecto, las respuestas y las soluciones están adentro.

Pero es muy fácil perder la brújula, pensar que son los demás los responsables de nuestros males, y también de nuestra felicidad. Mi camino empezó así: Después de un poco más de 3 años de un matrimonio súper feliz, las cosas se empezaron a descomponer, y si me di cuenta, pero no quería aceptarlo, en vez de poner algún remedio, simplemente dejé que sucediera. Hasta que no pude más, eran problemas todo el tiempo. Hasta que sorprendentemente quedé embarazada, en el peor momento de mi relación. En el fondo sentí un poco de alivio, el amor de un bebé a lo mejor lo resolvería todo, como en los cuentos de hadas… pero… nada más alejado de la realidad.

La maternidad me cayó muy mal, me dio depresión post-parto y sentí demasiada responsabilidad por ese pequeño ser que necesitaba de mi TODO el tiempo, lo amamantaba cada dos horas, eso implicaba literal no dormir, aunado al desbalance hormonal que me provocó la depresión, más a una falta total de sensibilidad de mi entonces marido, no podía sentirme más miserable, mi vida de ensueño había acabado. Recuerdo ver hacia el horizonte por la ventana de mi casa y sentirme como en un callejón sin salida, con una desesperanza tremenda. Y no sabía que eso era sólo el principio de una serie de sucesos concatenados que me llevarían al momento más obscuro de mi vida.

Empezamos terapia de pareja, más empujada por la idea de que “lo tenían que arreglar a él”, por supuesto: mal agradecido, insensible, grosero, mal humorado, perdedor, en fin…. No había forma de que yo fuera ni tantito responsable de lo que estaba ocurriendo, a mi siempre me había ido bien, y tenía mucha gente que me quería, y le echaba mil ganas a todo… en verdad no entendía porque esto me estaba pasando a mí…

Resumiré la primer terapia, porque esa es motivo de un libro entero, en que no funcionó. Y entonces di con él… con el ”bueno” con un terapeuta que fue tan duro conmigo la primera vez que hablé con él, que no hubo forma de escapar. Con frases como “Las chanclas vienen en pares” y si no trabajas en ti te vas a volver a conseguir otro igual a tu marido o “Gánate el derecho a divorciarte” o “Aunque te divorcies si no resuelves tus temas, tu hijo va a sufrir igual que si te quedas en un mal matrimonio”. Uffff, de primeras quise salir corriendo, porque después de escuchar “mi versión de la historia” empezó con la pregunta de ¿Cómo una princesa como tú se fue a casar con semejante sapo? Dicho con un sarcasmo insultante, y lanzándome una mirada de desprecio tremenda. Lo odié, que tipo tan patán, sin embargo todas sus palabras tenían mucho sentido. Nadie me había hablado así en mi vida. Por supuesto que sentí que no me lo merecía, pero algo en el fondo de mi corazón me decía que tenía razón. Y por fin tuve el valor de intentar voltear a verme a … no a los demás… fue el primer chispazo que encendió un camino hacia la luz…

El primer curso al que fui, porque no te daba terapia, de hecho él no daba terapia, tenía un grupo de terapeutas que trabajaban con su método y el proceso incluía cursos, terapia de grupo y terapia individual, con un formato completamente AUTO-TRANSFORMADOR, se requería mucho valor para quedarse.

Las terapias individuales eran sesiones en las que al salir quedaba completamente exhausta, como si un tren me hubiera atropellado, lloraba a mares, recordando eventos de mi infancia y cómo los había introyectado, y mi terapeuta cambiaba el significado de lo que había vivido, me hacía preguntas en las que me forzaba a ver lo sucedido desde otra perspectiva, era agotador.

En las terapias de grupo hacíamos Constelaciones Familiares, claro yo no sabía ni que era eso, y ellos no lo llamaban así, después cuando mi camino se cruzó con ese conocimiento sistémico que ahora me tiene encantada, entendí que lo que hacíamos en esas sesiones era “la magia” de Hellinger.

Y en los cursos de fin de semana fui entendiendo como el modelo de pareja que vi en mi familia, era completamente disfuncional, y lo peor es que me di cuenta que lo estaba repitiendo, después de haber criticado a mis papás por su tipo de relación, no entendía cómo yo inconscientemente había acabado haciendo exactamente lo MISMO. Y peor aún que me había casado con alguien súper parecido a mi papá, al que por supuesto le tenía un resentimiento inmenso por lo “MAL” que siempre se portó con mi mamá, quién para mí fue la más pobrecita de las víctimas que pudieran existir en el mundo…

Al final, ni mi mamá era una víctima, ni mi papá un ogro, de niña, yo fui víctima del síndrome de alienación parental (mi mamá siempre hablando mal de mi papá), que causó estragos en mi subconsciente. Mi resentimiento hacia el género masculino se hizo evidente, y comprendí que yo misma era la causante de todos mis males…

Como en un plan perverso, que al tratar de “cobrar venganza” de las mujeres hacia los hombres, en realidad lo único que lograba era hacerme un daño tremendo…

Fue todo un proceso, o mejor dicho, sigue siendo… al principio pensé que darme cuenta de cómo estaba configurada mi psique era prácticamente la solución, hoy doce años después, sé que aquello fue sólo el principio. En el camino me he conocido, me he despreciado por seguirlo haciendo igual, me he perdonado, me he reconciliado con mi sistema familiar, he comprendido que mis papás hicieron lo mejor que pudieron, con todo el amor del mundo. Me he vuelto a caer, me he vuelto a levantar, me he querido más, me he querido menos, me he reconciliado con los hombres de mi vida, para después volverme a enojar.

¡¡¡En fin!!! Lo que quiero decir es que he descubierto que es un proceso de todos los días, en dónde conscientemente trato de ser una mejor persona, una más compasiva, más empática, más comprensiva, más amable, más cariñosa, sobre todo con la persona más importante de mi vida: CONMIGO MISMA.

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